Cómo elegir una placa base en 2025: guía práctica

Redacción SitioTech —

Elegir una placa base en 2025 puede resultar abrumador debido a la gran variedad de modelos, compatibilidades y nuevas tecnologías que aparecen año tras año. Sin embargo, comprender los conceptos fundamentales permite tomar una decisión informada y evitar errores costosos. Esta guía está diseñada para ayudarte a identificar qué necesitas realmente, qué aspectos son críticos y cuáles no influyen demasiado en el rendimiento final de tu PC.

La placa base es el componente que conecta y permite la comunicación entre todos los elementos del ordenador. Por eso, su elección condiciona el tipo de procesador que puedes instalar, la cantidad de memoria RAM compatible, las opciones de almacenamiento y la posibilidad de futuras ampliaciones. El primer punto clave es el socket, es decir, el tipo de conexión física del procesador con la placa. En 2025, los sockets más comunes son Intel LGA 1851 y AMD AM5, ambos preparados para ofrecer alta eficiencia energética y soporte para memorias DDR5. Elegir el socket equivocado significa que tu procesador simplemente no funcionará, así que esta decisión debe estar completamente clara antes de continuar.

El segundo aspecto a revisar es el chipset, que determina las funcionalidades disponibles. Por ejemplo, los chipsets de gama alta permiten más líneas PCIe, compatibilidad con overclocking y mayor número de puertos USB. Los modelos de gama media pueden ser suficientes para la mayoría de usuarios, especialmente si no se busca exprimir al máximo el rendimiento del procesador. Aun así, invertir un poco más en un chipset equilibrado puede prolongar la vida útil del equipo.

En cuanto a la memoria RAM, prácticamente todas las placas modernas usan DDR5, pero no todas soportan las mismas velocidades. Si planeas trabajar con aplicaciones exigentes, como edición de video o máquinas virtuales, una placa con soporte para frecuencias más altas y perfiles XMP o EXPO puede marcar la diferencia. Para usuarios generales, el beneficio será menor, pero sigue siendo recomendable optar por una placa que permita futuras ampliaciones.

El almacenamiento también ha evolucionado. Los puertos M.2 NVMe PCIe 5.0 se están volviendo cada vez más comunes, proporcionando velocidades ultrarrápidas. Sin embargo, no todos los usuarios necesitan esta velocidad extrema; los SSD PCIe 4.0 continúan siendo excelentes opciones. Lo esencial es que la placa base cuente con al menos dos ranuras M.2, especialmente si planeas instalar juegos, bibliotecas multimedia o proyectos profesionales que ocupan mucho espacio.

Otro punto importante son las conexiones externas. Fíjate en la cantidad de puertos USB, especialmente USB-C, ya que muchos dispositivos actuales lo requieren. También es útil confirmar si la placa incluye WiFi 6E o WiFi 7, que son estándares modernos de conectividad inalámbrica. Si utilizas cable, revisa si incorpora un puerto Ethernet 2.5G o superior, algo ideal para descargar grandes cantidades de datos o jugar online.

Finalmente, no olvides considerar la refrigeración. Las placas modernas incluyen disipadores en las ranuras M.2 y VRM, lo cual ayuda a mantener temperaturas estables. Si piensas realizar trabajos intensivos o instalar un procesador de gama alta, es recomendable elegir una placa con VRM robusto y disipación adecuada.

En resumen, elegir una placa base adecuada implica equilibrar compatibilidad, rendimiento y presupuesto. No se trata de elegir la más cara, sino la que mejor se adapta a tu uso real. Si sigues estos puntos clave, tendrás un sistema estable, actualizable y preparado para varios años.

IA y privacidad: 5 prácticas para proteger tus datos

Ana López —

El avance de la inteligencia artificial ha revolucionado la vida digital, pero también ha traído consigo nuevas preocupaciones sobre privacidad. Hoy en día, cada interacción con una herramienta de IA deja un rastro de datos que puede ser almacenado, analizado o incluso compartido por terceros. Para muchos usuarios, proteger su información se ha vuelto fundamental. A continuación, te presentamos cinco prácticas esenciales para mantener tu privacidad a salvo mientras aprovechas las ventajas de la IA.

La primera práctica es controlar la información que compartes. Muchas aplicaciones solicitan datos que no siempre son necesarios para su funcionamiento. Antes de aceptar, revisa qué permisos estás concediendo. Si una app de edición de imágenes pide acceso a tu lista de contactos, es una señal de alerta. La regla general es: comparte solo lo indispensable.

La segunda práctica consiste en utilizar herramientas con políticas de privacidad claras y transparentes. No todas las plataformas de IA gestionan tus datos de la misma manera. Algunas almacenan tus conversaciones para entrenar modelos, mientras que otras ofrecen modos sin recopilación. Tomarte unos minutos para leer la política de privacidad puede ahorrarte futuros problemas. Busca opciones que incluyan cifrado de extremo a extremo o modos de uso sin registro.

La tercera práctica es el uso de conexiones seguras. Trabajar con IA a través de redes públicas puede exponer tus datos a interceptaciones. Siempre que sea posible, utiliza una red privada o una VPN fiable. Estas herramientas ocultan tu dirección IP y cifran tus comunicaciones, dificultando que terceros accedan a tu información.

La cuarta práctica implica gestionar tus historiales y configuraciones de privacidad. Muchas aplicaciones conservan los historiales de uso, lo que puede afectar tu privacidad si alguien accede a tu cuenta. Revisa con frecuencia las opciones de eliminación de actividad y activa la limpieza automática si está disponible. Además, usa autenticación de dos factores para evitar accesos no autorizados.

Por último, la quinta práctica es desconfiar de los modelos o servicios que prometen resultados demasiado buenos sin explicar cómo procesan tus datos. A veces, los productos que aparentan ser gratuitos se financian mediante la recopilación masiva de información. Si una herramienta requiere acceso a demasiados datos privados, quizás debas buscar una alternativa.

Proteger tu privacidad no significa renunciar a la IA, sino aprender a utilizarla con criterio. Aplicar estas prácticas te permitirá mantener el control sobre tu información personal sin dejar de aprovechar el potencial de esta tecnología.

Baterías de coches eléctricos: mitos y realidades

Carlos Méndez —

La popularidad de los coches eléctricos ha generado un creciente interés sobre sus baterías, pero también numerosos mitos que confunden a los usuarios. Entender cómo funcionan realmente es fundamental para valorar esta tecnología. Aunque las baterías de iones de litio han evolucionado muchísimo en la última década, aún circulan ideas incorrectas que pueden crear dudas injustificadas. En este artículo analizamos los mitos más comunes y aclaramos qué hay de cierto en ellos.

Uno de los mitos más extendidos es que las baterías se degradan muy rápido. Si bien es cierto que pierden capacidad con el tiempo, los avances en química del litio y gestión térmica han permitido que duren mucho más. Hoy en día, muchos fabricantes ofrecen garantías de hasta 8 años o 160.000 km, y estudios independientes muestran que la degradación promedio anual suele ser inferior al 3%. Esto significa que un coche eléctrico moderno puede conservar más del 80% de capacidad después de muchos años de uso.

Otro mito habitual es que cargar el coche en estaciones rápidas daña la batería. Aunque la carga rápida genera más calor y estrés, las baterías actuales están diseñadas para soportarla de forma segura. El software del vehículo regula la temperatura y limita la potencia cuando es necesario. Eso sí, usar carga rápida todos los días no es ideal; lo óptimo es combinarla con cargas lentas en casa.

También existe la creencia de que las baterías son difíciles de reciclar. La realidad es que la industria ha avanzado mucho: ya existen procesos capaces de recuperar más del 90% de los materiales, como litio, níquel y cobalto. Además, se están desarrollando programas de reutilización para emplear baterías usadas en almacenamiento estacionario, lo que reduce aún más su impacto ambiental.

Finalmente, algunos piensan que los coches eléctricos son menos seguros por la batería. Sin embargo, los vehículos modernos incluyen múltiples capas de protección, desde sistemas de refrigeración hasta estructuras reforzadas contra impactos. Los datos muestran que los incidentes relacionados con baterías son extremadamente raros.

En conclusión, muchas de las dudas sobre las baterías de coches eléctricos provienen de información desactualizada. Al comprender su funcionamiento real, es posible valorar de manera justa esta tecnología y aprovechar sus ventajas sin temor injustificado.

El futuro de los procesadores ARM en computadoras de escritorio

Redacción SitioTech —

La industria tecnológica está experimentando una transformación profunda impulsada por la arquitectura ARM, una tecnología que durante años estuvo asociada principalmente a dispositivos móviles, tablets y equipos de bajo consumo. Sin embargo, en los últimos años ha demostrado tener el potencial para competir en el segmento de computadoras de escritorio, tradicionalmente dominado por procesadores x86 de Intel y AMD. Esta transición no solo está cambiando el diseño del hardware, sino también la forma en que se desarrollan aplicaciones y sistemas operativos.

Uno de los factores clave detrás del auge de ARM es su eficiencia energética. Mientras los procesadores x86 han sido conocidos por ofrecer potencia bruta a costa de un mayor consumo, ARM ha demostrado que es posible lograr un equilibrio entre rendimiento y eficiencia. La llegada de chips como el Apple M1, M2 y los recientes M-series Pro y Max han sido un punto de inflexión: demostraron que un procesador ARM puede superar a muchas CPUs de escritorio en tareas profesionales, manteniendo un bajo consumo y temperaturas más estables. Esto ha obligado a toda la industria a replantearse lo que significa “alto rendimiento”.

Otro pilar importante es la integración del hardware. ARM permite diseños con arquitecturas system-on-chip (SoC), integrando CPU, GPU, memoria unificada y motores de IA en un mismo paquete. Esta integración reduce la latencia, mejora la velocidad y favorece un sistema más compacto y optimizado. En los escritorios actuales, donde la eficiencia y la producción de calor son un reto continuo, la arquitectura ARM ofrece una alternativa atractiva que podría convertirse en un estándar en los próximos años.

Pero quizás el cambio más notable no sea tecnológico, sino estratégico. Empresas como Microsoft, Qualcomm, NVIDIA y Samsung están invirtiendo fuertemente en traer ARM al escritorio. Microsoft, por ejemplo, ha optimizado Windows 11 para ejecutarse de forma nativa en ARM, mejorando su emulación x86 y permitiendo que aplicaciones pesadas funcionen con fluidez. Qualcomm, por su parte, presentó los procesadores de la línea Snapdragon X, diseñados específicamente para competir con procesadores de uso profesional. Estos movimientos no son casualidad: las compañías están apostando por diversificar la arquitectura dominante y evitar la dependencia histórica de x86.

Sin embargo, el camino hacia la adopción masiva de ARM en computadoras de escritorio no está exento de desafíos. El principal obstáculo sigue siendo la compatibilidad de software. Aunque cada año más aplicaciones se adaptan, aún existe una brecha respecto al ecosistema x86, donde prácticamente todo está optimizado. Para que ARM conquiste el escritorio, deberá lograr una compatibilidad casi total con el software actual o impulsar a los desarrolladores a crear aplicaciones nativas, lo cual requiere tiempo y una base de usuarios creciente. Apple lo ha logrado gracias a su ecosistema cerrado y a herramientas como Rosetta 2, pero en el mundo de Windows y Linux la tarea es más compleja.

Otro punto de debate es el rendimiento sostenido. Aunque ARM brilla en eficiencia, algunos usuarios profesionales señalan que en cargas extremadamente intensivas —como renderizado prolongado, simulaciones o cálculos científicos— los chips x86 de alta gama todavía tienen ventaja. No obstante, el ritmo de evolución de ARM es tan acelerado que muchos expertos creen que esta brecha se reducirá notablemente en la próxima generación de chips.

De cara al futuro, todo apunta a que ARM tendrá un papel protagónico en el ecosistema de escritorio, pero no necesariamente reemplazará por completo a x86. En su lugar, se prevé un escenario híbrido donde ambas arquitecturas convivan, cada una con sus fortalezas. ARM podría dominar los equipos de oficina, portátiles, centros educativos y computadoras personales donde prima la eficiencia, mientras que x86 continuaría liderando en estaciones de trabajo específicas, servidores de alto rendimiento y entornos científicos especializados.

En resumen, la transición hacia procesadores ARM en computadoras de escritorio ya está en marcha y parece irreversible. Su equilibrio entre potencia, eficiencia y diseño integrado representa una evolución natural en un mundo donde la sostenibilidad energética y la movilidad son cada vez más importantes. Aunque aún existen retos por superar, el impulso industrial y la innovación constante hacen probable que, en pocos años, una gran parte de las computadoras de escritorio utilicen esta arquitectura. El futuro del escritorio está cambiando, y ARM se está posicionando como uno de sus protagonistas principales.

Computación cuántica en 2025: avances reales y expectativas

Investigación —

La computación cuántica ha pasado en pocos años de ser un concepto teórico a convertirse en una de las tecnologías más prometedoras del mundo moderno. Aunque todavía no forma parte del día a día de las empresas ni de los usuarios comunes, los avances logrados hasta 2025 han sido lo suficientemente significativos como para revolucionar sectores enteros en un futuro cercano. Sin embargo, esta evolución ha estado acompañada de hype, malentendidos y expectativas irreales. En este artículo analizamos qué avances son tangibles, qué desafíos persisten y qué podemos esperar realmente en los próximos años.

Uno de los avances más relevantes ha sido el incremento en la estabilidad de los qubits. Durante años, el principal problema de los ordenadores cuánticos era la decoherencia: los qubits perdían su estado demasiado rápido, lo que hacía casi imposible realizar cálculos complejos sin errores. En 2025, varios laboratorios han logrado tiempos de coherencia mucho mayores gracias a nuevas técnicas de enfriamiento, materiales superconductores y métodos avanzados de corrección de errores. Esto no significa que el problema esté resuelto, pero sí que la computación cuántica está más cerca de ser útil en aplicaciones reales.

Otro punto clave ha sido la transición desde los qubits físicos hacia los qubits lógicos, una capa intermedia que permite procesar información con menor tasa de error. Aunque aún se necesitan miles de qubits físicos para crear un solo qubit lógico confiable, este enfoque representa un paso importante hacia la escalabilidad. Google, IBM, IonQ y empresas emergentes han presentado prototipos de qubits lógicos que pueden ejecutar algoritmos sencillos sin fallos catastróficos.

Uno de los campos donde la computación cuántica tiene mayor potencial es la simulación molecular. En 2025, algunas compañías farmacéuticas están utilizando ordenadores cuánticos experimentales para modelar moléculas complejas que serían imposibles de simular con supercomputadoras clásicas. Estos avances no han producido aún medicamentos comerciales, pero sí han acelerado etapas de investigación, demostrando que la tecnología puede transformar el sector biomédico en pocos años.

El mundo de la ciberseguridad también se encuentra en plena transición debido al avance cuántico. Se sabe que, en teoría, un ordenador cuántico suficientemente potente podría romper muchos de los sistemas de cifrado utilizados hoy en día. Esto ha impulsado el desarrollo de la llamada criptografía post-cuántica, diseñada para resistir ataques de futuras máquinas cuánticas. En 2025, varios estándares ya han sido aprobados por organismos internacionales y empiezan a implementarse en bancos, gobiernos y grandes compañías tecnológicas. Aunque no existe un ordenador cuántico capaz de romper cifrados modernos, la preparación anticipada es esencial.

No obstante, hay que entender que la computación cuántica no reemplazará a la computación clásica. Cada una está diseñada para resolver problemas distintos. Los ordenadores cuánticos destacan en tareas como optimización compleja, simulación de sistemas cuánticos y factorización, mientras que los ordenadores tradicionales seguirán siendo superiores en navegación web, juegos, sistemas operativos, edición multimedia y prácticamente cualquier aplicación cotidiana. Lo que veremos es un mundo híbrido donde ambos tipos de computación se complementan.

En cuanto al mercado, 2025 ha traído una nueva ola de servicios en la nube cuántica. Empresas y universidades pueden acceder a hardware cuántico real a través de plataformas online, sin necesidad de invertir en costosos laboratorios. Esta democratización de acceso está acelerando la investigación y permitiendo que más desarrolladores experimenten con algoritmos cuánticos. Aunque la mayoría de las tareas aún son experimentales, el ecosistema está creciendo.

Pero también es importante derribar expectativas irreales. Todavía estamos lejos de tener ordenadores cuánticos capaces de superar de forma amplia a los supercomputadores clásicos (el llamado quantum advantage generalizado). La mayoría de los sistemas cuánticos actuales requieren temperaturas extremadamente bajas, instalaciones costosas y equipos especializados que limitan su adopción.

Aun así, el camino es claro. La computación cuántica en 2025 se encuentra en una etapa equivalente a los ordenadores de los años 60: enormes, delicados y difíciles de manejar, pero con un potencial transformador incuestionable. La próxima década será decisiva para determinar si esta tecnología se convierte en un pilar de la ciencia y la industria o si avanza a un ritmo más lento de lo esperado.

En conclusión, los avances logrados hasta 2025 son reales y prometedores, pero deben evaluarse con expectativas razonables. La computación cuántica aún está madurando, pero su impacto futuro podría ser tan grande como la invención del transistor. Lo que hoy parece experimental, mañana podría convertirse en la base de nuevas industrias.

La revolución de la conectividad 6G: qué cambiará realmente

Telecom Insights —

La conectividad móvil ha sido uno de los motores principales del desarrollo tecnológico en las últimas décadas. Tras la llegada del 5G, que prometió bajas latencias y velocidades de descarga ultrarrápidas, el sector ya mira hacia el siguiente gran salto: la tecnología 6G. Aunque aún se encuentra en fase de investigación, su desarrollo avanza rápidamente y se espera que empiece a implementarse comercialmente alrededor de 2030. Sin embargo, las primeras demostraciones y estándares preliminares ya permiten entender cómo transformará nuestra vida cotidiana y el funcionamiento de la industria.

El 6G quiere resolver las limitaciones actuales del 5G y llevar la conectividad a un nivel completamente nuevo. Uno de los aspectos más destacados será la velocidad, que podría superar por 50 o incluso 100 veces la del 5G. Las proyecciones más conservadoras hablan de velocidades de hasta 1 Tbps bajo condiciones óptimas. Esta capacidad permitiría transmisiones en tiempo real de contenido holográfico, streaming de ultra alta definición sin compresión y el manejo simultáneo de millones de dispositivos en una sola red.

Otro pilar fundamental del 6G es la latencia ultrabaja, que podría situarse en torno a 0,1 milisegundos. Esto es crucial para aplicaciones que requieren sincronización perfecta, como cirugía remota en tiempo real, control de vehículos autónomos o robótica industrial avanzada. El 5G ya dio un paso importante con latencias de unos pocos milisegundos, pero el 6G busca acercarse a la inmediatez absoluta.

La nueva tecnología también promete mejoras significativas en cobertura y estabilidad. Mientras que el 5G sufre con obstáculos físicos y requiere gran densidad de antenas, el 6G se apoyará en nuevas bandas de frecuencia, señales adaptativas e inteligencia artificial integrada en las redes. Esta combinación permitirá conexiones más robustas incluso en zonas congestionadas, como estadios, aeropuertos o grandes ciudades.

Además, uno de los grandes diferenciales del 6G será su capacidad para integrar inteligencia artificial en la propia infraestructura de red. Gracias a algoritmos de aprendizaje automático, la red podrá optimizarse de forma autónoma, detectar fallos antes de que afecten al usuario y gestionar el tráfico de manera eficiente. Esto no solo mejorará la calidad del servicio, sino que también reducirá costos y consumo energético.

Las aplicaciones del 6G prometen un cambio profundo en sectores clave. En el ámbito industrial, permitirá la automatización total de fábricas con robots interconectados que se coordinan en tiempo real. En el transporte, facilitará la circulación de vehículos autónomos en redes completamente sincronizadas para reducir accidentes y congestion

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